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Investigación/Publicaciones

Iliopsoas canino: cuando el movimiento comienza a doler

Más allá de la lesión muscular: una mirada desde la fisiatría veterinaria, la biomecánica y la ecografía musculoesquelética.

Introducción: cuando algo cambia en el movimiento

Un perro que deja de saltar al automóvil, disminuye su velocidad durante una carrera o comienza a mostrar dificultades para incorporarse puede estar manifestando algo más que cansancio o una consecuencia natural de la edad.

En ocasiones, estas modificaciones representan las primeras señales de una alteración musculoesquelética que todavía no produce una claudicación evidente.

Entre las estructuras que merecen atención se encuentra el complejo muscular iliopsoas, cuya participación en la movilidad de la cadera y en la mecánica lumbopélvica resulta fundamental para numerosas actividades cotidianas y deportivas.

Sin embargo, identificar dolor en esta región no significa necesariamente haber identificado el origen del problema.

Una lesión primaria, una sobrecarga funcional o una respuesta asociada a otra alteración musculoesquelética pueden presentar manifestaciones similares, aunque requieren interpretaciones y estrategias terapéuticas diferentes.

Esta distinción constituye uno de los principales desafíos de la evaluación fisiátrica veterinaria.

1. El iliopsoas: mucho más que un flexor de cadera

El iliopsoas está constituido principalmente por dos músculos: el psoas mayor y el ilíaco.

El psoas mayor se origina en la región lumbar, mientras que el ilíaco lo hace en la superficie interna del ilion. Ambos convergen hacia una inserción común en el trocánter menor del fémur.

Su función principal consiste en participar en la flexión de la articulación coxofemoral, contribuyendo al avance de la extremidad posterior durante la locomoción. También participa en el control mecánico de la región lumbopélvica.

Durante actividades que requieren aceleraciones, desaceleraciones, saltos y cambios de dirección, el complejo iliopsoas puede quedar sometido a exigencias mecánicas importantes.

Aunque sus lesiones suelen asociarse con perros deportivos, también pueden presentarse en animales de compañía que realizan actividades recreativas o movimientos cotidianos.

La magnitud de una exigencia mecánica no depende exclusivamente de la intensidad del ejercicio, sino también de las capacidades físicas del paciente y de las condiciones en las que realiza el movimiento.

Por eso, un esfuerzo aparentemente habitual puede representar una carga considerable para un perro con debilidad muscular, restricciones articulares o alteraciones previas de la locomoción.

2. Lesión primaria o alteración asociada: una distinción fundamental

Las lesiones del iliopsoas pueden producirse por esfuerzos mecánicos excesivos, particularmente cuando el complejo musculotendinoso debe controlar movimientos rápidos o resistir fuerzas de elongación.

Estas situaciones pueden generar distensiones, lesiones de fibras musculares o alteraciones tendinosas de diferente gravedad.

Sin embargo, no todo dolor localizado en esta región corresponde necesariamente a una lesión primaria.

En determinados pacientes pueden coexistir alteraciones coxofemorales, lesiones de rodilla o enfermedades lumbosacras que modifican el patrón de movimiento.

Estas condiciones pueden alterar la distribución de cargas y generar adaptaciones biomecánicas que merecen investigarse durante la evaluación clínica.

Un estudio retrospectivo publicado por Sack y colaboradores en 2023 analizó 72 perros de agility con lesiones del iliopsoas evaluadas mediante ecografía musculoesquelética.

Los investigadores identificaron patologías concurrentes en el 73,6 % de los casos, mientras que las lesiones aisladas representaron el 26,4 %.

Entre las alteraciones asociadas se encontraron inestabilidad del ligamento cruzado craneal, enfermedades lumbosacras y problemas de cadera.

Estos resultados muestran la importancia de investigar otras estructuras musculoesqueléticas cuando se identifica una lesión del iliopsoas.

No obstante, debemos interpretar correctamente su alcance: la coexistencia de dos patologías no demuestra que una haya causado la otra.

Tampoco es posible extrapolar directamente estos porcentajes a todos los perros, porque el estudio corresponde a una población seleccionada de animales deportivos.

La evidencia disponible respalda la necesidad de una evaluación integral, pero no permite atribuir automáticamente el dolor del iliopsoas a un mecanismo compensatorio.

Esta precisión es fundamental para evitar conclusiones diagnósticas apresuradas.

3. ¿Qué señales pueden despertar sospechas?

Las alteraciones del iliopsoas pueden manifestarse mediante signos evidentes o cambios funcionales sutiles.

En perros deportivos, una reducción del rendimiento puede aparecer antes de que el tutor identifique una claudicación clara.

En animales de compañía, las modificaciones suelen interpretarse inicialmente como falta de entusiasmo, envejecimiento o disminución espontánea de la actividad.

Entre los signos que justifican una evaluación veterinaria se encuentran:

  • Resistencia a saltar, correr o subir escaleras.
  • Disminución del rendimiento deportivo.
  • Acortamiento del paso durante la marcha o el trote.
  • Molestias al realizar determinados movimientos de cadera.
  • Cambios en la distribución del peso corporal.
  • Dificultades para incorporarse o realizar actividades habituales.
  • Modificaciones persistentes en la postura o en la forma de desplazarse.

Ninguno de estos signos es exclusivo de una lesión del iliopsoas.

Durante la exploración física, la palpación de determinadas regiones musculotendinosas y algunas maniobras de movilización de la cadera pueden reproducir dolor.

La extensión coxofemoral, especialmente cuando se combina con determinados movimientos de rotación, puede resultar dolorosa en pacientes afectados.

Sin embargo, una respuesta dolorosa durante la exploración no confirma por sí sola la existencia de una lesión estructural del iliopsoas.

El hallazgo debe interpretarse junto con la historia clínica, el examen ortopédico, la evaluación neurológica cuando corresponda y los métodos complementarios indicados.

La observación del movimiento constituye el punto de partida, pero no debería representar el final del razonamiento diagnóstico.

4. La evaluación fisiátrica: comprender antes de intervenir

La fisiatría veterinaria aporta una perspectiva funcional que complementa la evaluación ortopédica y neurológica.

Su objetivo no consiste únicamente en localizar una región dolorosa, sino también en comprender cómo esa alteración modifica el movimiento y qué factores pueden estar contribuyendo a mantenerla.

Una evaluación integral considera la historia clínica, los antecedentes traumáticos, la actividad habitual, la condición muscular y las características de la locomoción.

También resulta necesario explorar la movilidad articular, identificar restricciones funcionales y valorar estructuras que puedan estar relacionadas con el problema.

En determinados pacientes, el dolor del iliopsoas puede coexistir con enfermedad articular degenerativa, alteraciones lumbosacras o lesiones de rodilla.

Por ello, una intervención dirigida exclusivamente al músculo doloroso puede resultar insuficiente cuando existen otras condiciones clínicas relevantes.

El diagnóstico diferencial también debe contemplar lesiones musculares de regiones vecinas, patologías coxofemorales y enfermedades neurológicas que puedan producir manifestaciones semejantes.

La pregunta clínica deja de ser únicamente:

¿Dónde duele?

Para incorporar otras igualmente importantes:

¿Qué estructura está afectada? ¿Qué función se encuentra alterada? ¿Existen otras condiciones que expliquen o contribuyan a esta disfunción?

Esta secuencia de razonamiento permite construir decisiones terapéuticas más fundamentadas.

5. Ecografía musculoesquelética: observar la estructura sin perder de vista al paciente

La ecografía musculoesquelética constituye una herramienta complementaria de gran utilidad para evaluar el complejo iliopsoas.

Mediante una exploración realizada por un profesional entrenado, es posible examinar componentes musculares y tendinosos, identificar alteraciones de la arquitectura fibrilar y localizar determinadas lesiones.

Entre los hallazgos descritos se encuentran áreas hipoecoicas, discontinuidad de fibras, cambios de ecogenicidad y alteraciones de la región tendinosa.

Cullen y colaboradores, en un estudio publicado en 2017 sobre 73 perros de agility, describieron hallazgos ecográficos compatibles con lesiones agudas y crónicas del iliopsoas.

En esa población, las alteraciones se localizaron predominantemente en el tendón de inserción, y fue frecuente encontrar cambios agudos y crónicos simultáneamente.

Estos resultados respaldan la utilidad de la ecografía para caracterizar alteraciones musculotendinosas en pacientes seleccionados.

Sin embargo, la capacidad de visualizar una estructura no garantiza automáticamente la precisión de todas las interpretaciones.

En febrero de 2026, Bailey y colaboradores publicaron en Animals un estudio sobre la reproducibilidad de la evaluación ecográfica del tendón de inserción del iliopsoas canino.

Los investigadores analizaron 104 tendones pertenecientes a 52 perros y observaron buena confiabilidad de diversas mediciones realizadas repetidamente por un mismo observador.

No obstante, la concordancia entre diferentes observadores fue baja para las mediciones evaluadas.

Este hallazgo destaca la importancia de estandarizar la adquisición e interpretación de imágenes, definir criterios de evaluación y reconocer la influencia de la experiencia profesional.

También debe interpretarse dentro de sus límites: el estudio evaluó específicamente el tendón de inserción y no demuestra que toda exploración ecográfica del iliopsoas presente idénticas dificultades.

La ecografía puede aportar información valiosa para el diagnóstico y, cuando existe indicación, para el seguimiento estructural.

Pero una imagen alterada no demuestra por sí sola que esa estructura sea la principal fuente de dolor.

Del mismo modo, una exploración sin hallazgos relevantes no excluye todas las posibles causas de disfunción.

La imagen complementa el razonamiento clínico; no lo reemplaza.

6. Recuperar la función: mucho más que disminuir el dolor

Una vez identificada la naturaleza del problema, la planificación terapéutica debe considerar el tipo de lesión, su localización, gravedad, evolución y las necesidades funcionales del paciente.

No es equivalente abordar una distensión muscular aguda, una alteración tendinosa persistente o un cuadro de dolor regional asociado con otra enfermedad musculoesquelética.

En cada situación pueden variar las necesidades de protección tisular, control del dolor, progresión de las cargas y recuperación del movimiento.

La rehabilitación puede contemplar modificaciones temporales de la actividad, ejercicio terapéutico progresivo, fortalecimiento muscular y estrategias destinadas a mejorar la coordinación y la tolerancia funcional.

La selección de estas intervenciones debe responder a una evaluación individualizada.

En lesiones agudas puede resultar necesario restringir inicialmente determinadas actividades para evitar exigencias incompatibles con el estado del tejido.

Posteriormente, la reincorporación progresiva a la carga busca recuperar capacidades físicas sin superar la tolerancia del paciente.

No existe un protocolo universal ni un plazo de recuperación aplicable a todos los perros con alteraciones del iliopsoas.

La evidencia clínica específica sobre la eficacia comparativa de diferentes estrategias de rehabilitación continúa siendo limitada, por lo que las decisiones deben integrar los hallazgos del paciente, la experiencia profesional y la información científica disponible.

La rehabilitación tampoco debería convertirse en una sucesión automática de procedimientos.

Cada intervención necesita una indicación, un objetivo y una forma de evaluar su resultado.

7. El terreno biológico: las condiciones en las que ocurre la recuperación

La reparación de un tejido musculotendinoso no depende exclusivamente de la intervención realizada sobre la región lesionada.

El estado general del paciente, su condición muscular, el estado nutricional, las enfermedades concomitantes y determinadas condiciones metabólicas pueden influir en los procesos de reparación y adaptación.

Desde una perspectiva clínica integradora, podemos utilizar el concepto de terreno biológico para referirnos al conjunto de condiciones del organismo dentro de las cuales se desarrolla la recuperación.

Sin embargo, este concepto no representa una variable única ni constituye por sí mismo un diagnóstico.

Su evaluación debe apoyarse en parámetros clínicos concretos, seleccionados según las características y necesidades de cada paciente.

Es importante distinguir la plausibilidad biológica de una relación de su demostración clínica.

Aunque existen fundamentos generales para considerar la influencia de las condiciones sistémicas sobre la reparación musculotendinosa, no podemos afirmar que una determinada característica del terreno biológico prediga por sí sola la evolución de una lesión del iliopsoas canino.

La recuperación funcional también depende de las exigencias mecánicas a las que se encuentra sometido el tejido.

Una estructura puede presentar cambios favorables en sus características anatómicas y continuar expuesta a patrones de carga inadecuados.

Del mismo modo, la disminución del dolor no garantiza que se hayan recuperado la fuerza, la coordinación y la tolerancia al esfuerzo.

Por eso, la recuperación requiere considerar simultáneamente la lesión, las condiciones del paciente y las demandas del movimiento.

8. Recuperación estructural y recuperación funcional: dos dimensiones que no siempre evolucionan juntas

Uno de los desafíos más importantes en medicina deportiva y rehabilitación veterinaria consiste en determinar cuándo un paciente se encuentra realmente preparado para retomar sus actividades.

La mejoría clínica, la evolución de las imágenes y la recuperación funcional aportan información complementaria, pero no necesariamente equivalente.

Una ecografía puede mostrar modificaciones favorables en la arquitectura de un tejido sin demostrar que el paciente haya recuperado completamente sus capacidades físicas.

De manera inversa, un perro puede presentar una mejoría evidente del dolor y del movimiento mientras persisten determinadas alteraciones estructurales.

Por esta razón, el seguimiento no debería depender exclusivamente de un único parámetro.

La evaluación funcional puede considerar la calidad de la marcha, la movilidad, la respuesta al ejercicio, la tolerancia progresiva a la carga y la capacidad para realizar actividades específicas.

En perros deportivos, el retorno a aceleraciones, saltos y cambios bruscos de dirección requiere una progresión individualizada.

En animales de compañía, los objetivos pueden ser diferentes: caminar con comodidad, incorporarse sin dificultad o recuperar actividades cotidianas.

Aunque las exigencias sean distintas, el principio clínico es el mismo:

La desaparición del dolor no representa necesariamente el final de la recuperación.

9. ¿Cuándo consultar?

Cuando un perro modifica persistentemente su forma de caminar, evita movimientos que antes realizaba con normalidad o disminuye su actividad sin una explicación evidente, es recomendable realizar una evaluación veterinaria.

La presencia de dolor intenso, incapacidad para apoyar una extremidad, traumatismos importantes o signos neurológicos requiere atención oportuna y no debe interpretarse simplemente como una posible contractura muscular.

La evaluación temprana permite identificar problemas que podrían pasar inadvertidos y orientar las decisiones diagnósticas y terapéuticas.

La fisiatría veterinaria, integrada con la ortopedia, la neurología y los métodos complementarios pertinentes, puede contribuir a comprender la naturaleza de la disfunción y establecer objetivos de recuperación individualizados.

Reflexión final: tratar un músculo o comprender al paciente

Las alteraciones del iliopsoas canino representan un ejemplo de la complejidad que puede esconderse detrás de un cambio aparentemente sencillo en el movimiento.

Un perro que disminuye su actividad puede presentar una lesión muscular primaria, una alteración tendinosa o dolor regional acompañado de otras enfermedades musculoesqueléticas.

Reconocer estas posibilidades exige observación, exploración clínica y utilización razonada de métodos complementarios.

La ecografía musculoesquelética permite incorporar información estructural, mientras que la evaluación fisiátrica contribuye a interpretar las consecuencias funcionales de la lesión y las condiciones que acompañan al proceso de recuperación.

No siempre será posible identificar una relación causal entre todas las alteraciones presentes. Reconocer esa incertidumbre también forma parte del razonamiento clínico.

Porque detrás de una estructura dolorosa existe un paciente que intenta seguir moviéndose.

Y comprender ese movimiento puede ser tan importante como identificar la lesión.

Cuidar el movimiento también es cuidar la calidad de vida.

MV. cPhD Juan José Aversa

Director Grupo Andes División Argentina

C.M.O. IntegraVet Ortobiologic Lab

 

 

 

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